La cultura Árabe

El arte de la escritura entre los árabes

En contraste con otras civilizaciones —como la babilónica o la del antiguo Egipto y China, cuyos sistemas de escritura datan de miles de años-, los árabes tardaron algún tiempo en alcanzarla.

Para muchos especialistas la razón de este tardío desarrollo se debió al carácter fundamentalmente nómada de su pueblo, que los llevaba a desconfiar de la palabra escrita y darle mayor importancia y peso a la tradición oral para retener la información y mantener la comunicación.

De acuerdo con la tradición literaria árabe, solo las Siete Odas (llamadas al-Muallaqat), inscritas en letras de oro y colgadas en las paredes de la Caaba en La Meca, pudieran ser consideradas obras maestras. No obstante, cuando aparece el Islam, los árabes reconocen la necesidad de la escritura para esta lengua; sobrepasan a las escrituras existentes en el arte de embellecerlas; producen en un tiempo relativamente corto un impresionante desarrollo caligráfico; y transforman la escritura árabe en un medio artístico, que fue lo que mejor reflejó su genio y atrajo a los mejores talentos.

Pocos pueblos han existido que hayan tenido tanta predilección por escribir como el árabe. Lo utilizaron todo como un material escriptorio. Escribían sobre la parte gruesa del final de la palma, sobre huesos de camellos, sobre vasijas de beber y, en los primeros tiempos, sobre el cuero. Para el Corán tuvieron que ser utilizados pergaminos y después papel de China y Samarcanda. La elaboración del papel la aprendieron los musulmanes hacia fines del siglo XII.

La epigrafía no es solamente un elemento esencial en las artes del libro, sino además constituye el adorno de todo producto de las artes industriales árabes; y en la arquitectura, la plenitud y belleza de su hábito ornamental, que sustituye con ventajas al ornamento propiamente dicho.

La universidad mas antigua del mundo islámico

Al-Azhar (La Resplandeciente) es la más antigua universidad del mundo islámico, fue fundada en el 973 de n.e., es decir, hace mil veintisiete años, y constituyó el centro de expansión de la teología musulmana. Miles de estudiantes de los países islámicos van a Al-Azhar a estudiar el Corán, las Sunnas y las leyes de su religión, además de medicina, ingeniería, astronomía y matemática. Estos más de mil años también constituyen un eslabón en la historia de El Cairo, con suya ciudad se halla íntimamente ligada. Puede decirse que Al-Azhar es un símbolo de la historia egipcia.

Los historiadores difieren en cuanto al nombre, pero lo más aceptado es que se le llamara así en homenaje a la hija del profeta Mahoma, Fátima al-Zahraa, ya que los fatimíes (quienes fueron los constructores de la universidad en Egipto) se consideraban descendientes directos de ella.

Al– Azhar se halla al sureste de El Cairo y fue construida originalmente para que sirviese de mezquita oficial del Estado.

La construcción cuenta con dos salones de rezos. El mayor tiene 76 pilares de mármol y el menor, 50. El techo de ambos es de madera labrada. El patio de la mezquita es amplio y no está techado. Allí los estudiantes se sientan y rezan cuando los dos salones están ocupados. Lo rodean arcos que descansan en columnas de mármol, y en sus paredes aparecen inscripciones del Corán en escritura cúfica.

 Cuando se construyó, la mezquita tenía solamente un minarete. Ahora cuenta con seis. La hora de la oración era marcada por un reloj de sol, que áun existe, en la pared oeste de su patio.

La labor educativa de este prestigioso centro de estudios, únicamente interrumpida por breves períodos, ha sido y es faro del mundo islámico. Por ella pasaron eminentes pensadores que continuaron las primitivas enseñanzas musulmanas y otros que con su ciencia han ayudado a las transformaciones económicas, sociales y políticas de sus pueblos.

La Academia Árabe de la lengua

La idea de establecer una academia de la lengua se originó a finales del siglo XIX, con la intención de que el árabe se mantuviese a tono con los conceptos de civilización moderna y para diseminar el conocimiento.

La Academia Árabe de la Lengua se fundó el 13 de diciembre de 1932 en Egipto. Posee, además de lingüistas y autores, una membresía de doctores, químicos, físicos, matemáticos, abogados y otros especialistas.

La Academia es internacional, en el sentido de que tiene tanto a orientalistas, árabes o no árabes, como miembros. El lema de la Academia es que el entendimiento y el conocimiento entre los países del este y el oeste estén por encima de todo.

Estudia no solo la lengua sino también los diferentes dialectos, y al hacerlo ha encontrado hechos importantes como, por ejemplo, que la gran mayoría de los modismos egipcios son de origen árabe.

La Academia Árabe de la lengua es un motivo de orgullo para Egipto en el campo de la ciencia y el conocimiento, y uno de los pilares más fuertes de unidad entre los países de habla árabe, pues es faro de la lengua, de lo que dan cuenta por sí mismos sus resultados de trabajo.

La contribución árabe al conocimiento de otros pueblos

Una de las recomendaciones del profeta Mahoma, desde los primeros tiempos en que comenzó la difusión de su mensaje, fue la adquisición de conocimiento: “El que deja a su hogar en busca del conocimiento, sigue el sendero de Dios”, “En el Día del juicio Final pesará más la tinta de los sabios que la sangre de los mártires”; y aún hay muchas más citas al respecto.

Y fue así que en menos de cien años los árabes llegaron a China en el Oriente y a España por Occidente, aprendiendo de todo y de todos, y mezclando lo de ellos y lo de los demás para formar una cultura única en su género.

Cuando los árabes entraron en Samarcanda aprendieron de los chinos la técnica de la fabricación del papel. La primera fábrica árabe de papel fue inaugurada en Bagdad, en el 794.

Allí también se estableció la Casa de la Sabiduría (830) -academia científica con un observatorio y biblioteca pública– cuando en Europa nadie sabía leer ni escribir, excepto los monjes, a los que se les restringía las lecturas y se les vigilaba la erudición.

La continuidad de la ciencia, la filosofía y el saber desde Egipto, pasando por la India y Babilonia, por Grecia y Bizancio,  hasta el Islam oriental y andalusí, y de allí al norte de Europa y América, es uno de los hilos más brillantes de la trama de la historia.

La herencia científica de los musulmanes fue abrumadoramente griega, pero las influencias hindúes ocuparon el segundo lugar.

Los árabes no tenían ningún etnocentrismo en sus concepciones, o sea, no se creían, ni como raza, grupo, país o nación, superiores a los demás. No tenían distinciones con los Pueblos del Libro, judíos y cristianos, a quienes respetaban y admiraban por tener libros revelados.

En su búsqueda de nuevos horizontes, los árabes se toparon y encontraron con pueblos que nunca antes otras naciones habían conocido. En el caso de algunas tal vez sí, pero nunca frecuentaron; y en muchos casos –si tenían idea de esos pueblos– era posiblemente vaga o confusa, si no erróneas.

A este amplio conocimiento sobre otras naciones contribuyó e influyó su gran comercio e intercambio de ideas, la influencia de su religión, el conocimiento de la geografía y los instrumentos que usaban, y el gran espíritu del saber presente desde un principio en el Islam. Ningún imperio conocido tuvo tanto en consideración a los pueblos que dominó. Prueba de ello es lo que tomó esa cultura árabe-islámica de las naciones que arabizó; hasta el Islam se vio perneado de características locales, sin dejar de mencionar las artes, la arquitectura y todas las manifestaciones artísticas y culturales.

Esta simbiosis entre conquistador y conquistado es signo también de sabiduría.

La música árabe

La música árabe comenzó con las antiguas formas y tonadas semitas. Luego –con la influencia de los clásicos- se desarrolló a partir de melos (‘modo’, ‘aire’) helénico, que era de origen asiático, y sufrió fuertes influencias de Irán y la India. Se tomó de los griegos una notación musical y mucha teoría.

Muchos especialistas orientales dicen que ningún oído occidental, excepto después de larga educación, puede apreciar completamente la calidad de la música árabe-islámica, debido a su preferencia por el desarrollo melódico sobre la armonía, y el contrapunto, su división de los tonos no en medios, sino en tercios, sus floridas tramas de estructura y ritmo.

La meditativa ternura de la música islámica afecta profundamente el alma musulmana.

El poeta Musharrifudin Saadi habla de un niño “que cantaba una melodía tan lastimera que detenía a un pájaro en su vuelo”, y su compatriota Al-Ghazali afirmaba: “El éxtasis es el estado que sobreviene al escuchar música”.

Con relación a los instrumentos musicales, según los expertos, el laúd, el tambur, la cítara, el Rabat; y los instrumentos de viento son superiores a los precedentes por la persistencia del sonido. Su ejecución exige movimientos semejantes a los de la mímica rítmica, y estos movimientos se terminan por un choque que, como en el palmoteo de las manos,  produce un sonido.

Este sonido es sostenido, pero aún no posee todas las propiedades de la voz humana, la cual reúne todas las cualidades de los sonidos y es la más perfecta.

El valor dado a la voz humana en la música islámica es de innegable valor. Para los musulmanes todos los instrumentos son de calidad inferior si se comparan con la voz. Consideran que esas notas no pueden servir más que para enriquecer la sonoridad del canto, para ampliarlo, embellecerlo, acompañarlo y hacerlo más fácil de retener en la memoria.

 Las artes industriales de los países árabes

Hablar de las manifestaciones artísticas de los pueblos árabes siempre resulta interesante.

Corresponde a la cerámica la mayor cantidad de hallazgos encontrados por las expediciones arqueológicas en la antigua Samarra. Por su excelente calidad, son importantes las vasijas de porcelana y las de reflejo metálico. Estas poseen la fuerza luminosa y la potencia del color del vidriado. Se ha demostrado que ambas técnicas habían aparecido a gran escala en Egipto, (Fostat), en el Alto Egipto (Bahnasa), en Medina Azahra (Córdoba), España y también en Argelia. Pero las vasijas de Samarra alcanzaron el grado máximo de perfección, y fueron exportadas a todo el mundo del siglo IX al XII. Fue también en Samarra donde se aplicó la técnica del reflejo metálico a los azulejos.

En el siglo XV se desarrolló el estilo mudéjar; esto es, el estilo del arte árabe en sus últimas creaciones ya bajo el gobierno de los cristianos. Todavía en el siglo XVI figuraba Málaga, junto con otras ciudades de España, como lugar de producción por excelencia de la cerámica de reflejos.

Al igual que la cerámica, se hallaba el arte del damasquinado en esta cultura. La fundición del bronce, que alcanzó gran nivel en Egipto, en la época de los fatimíes, tenía su patria en el Turquestán.

Ya en el siglo XII, el arte del damasquinado en cobre y plata alcanzó notables proporciones. Por medio de este sistema se fabricaron pebeteros, figuras de animales, platos, tazas, cajitas para escribir, para guardar el Corán y morteros, a la par que instrumentos astronómicos y cabalísticos. Se elaboraron todos los objetos imaginables para la vida diaria y para las exigencias del lujo.

Paralelamente a estas ramas de las artes industriales debe mencionarse la talla de madera, aplicada de modo muy significativo en todo el mundo musulmán tanto a edificios religiosos como profanos. La escuela de ebanistas de El Cairo era muy famosa, y sus artistas fueron requeridos en otros países.

El arte textil de Oriente, junto con la tapicería, despertó desde tiempos muy antiguos, gran admiración en Occidente, así como el deseo de poseer sus productos. Esta actividad artística la heredó el mundo islámico de anteriores culturas.

Los tapices fueron los productos orientales que el Occidente codició siempre con más empeño. Persia es el país típico del tapiz. A su lado, Asia Menor y Mesopotamia fueron los lugares más importantes de producción. Cuando los árabes en el 637 conquistaron el país de los reyes sasánidas, cayó en sus manos el famoso Tapiz de los Jardines que decoraba el palacio real. De aquí se deduce que estos tejidos de lujo eran ya comunes antes de la conquista del Islam, y que los magníficos tapices de la corte de los califas procedían del arte sasánida. Pero ¿acaso los árabes, como todos los pueblos nómadas, no conocían ya desde antiguo el tapiz por haberlo empleado en sus tiendas

Es importante conocer esta cultura para poder percatarnos de todas sus influencias en la nuestra.

Las palabras no alcanzan para referir el cuantioso legado que hemos recibido del mundo árabe.